El 18 de enero de este año se cumplirán cien años del nacimiento del amauta José María Arguedas Altamirano y es justo que nuestro Perú y nuestra región Junín permitan un homenaje al hombre que dedicó su vida a la investigación y reivindicación del hombre andino. Arguedas fue un forjador de la identidad nacional, uno de los creadores de la corriente indigenista, cimentó los elementos ideológicos necesarios para abolir el gamonalismo y la esclavitud andina. No fue el indigenista de corte reformista o populista, no asumió una postura paternalista dotada de moralismo y resignación cristiana, tampoco solicitó un trato piadoso o misericordioso al indio, solamente reclamó el derecho que hasta ahora le ha negado el estado peruano.
Este ilustre peruano fue ex alumno de la emblemática Gran Unidad Escolar Santa Isabel de Huancayo y es en esta tierra que se inicia como escritor luego como investigador. Su legado está latente como una invocación de atención constante en los artículos de la revista Proceso que, en la década de 1970, publicara la tan golpeada Universidad Nacional del Centro del Perú. Desde su perspectiva antropológica, etnológica y de folklore frecuentemente llamó a la reflexión que invitaba a una introspección nacional.
Es necesario también recordar que Arguedas no solamente limitó su lucha al plano nacional, también fue un internacionalista, fue un ferviente combatiente contra el fascismo mundial por lo que purgó cárcel en 1937, motivo por el que podemos entender que solamente un fascista pueda oponerse a su homenaje. Arguedas motivó en nosotros la conclusión que si a un pueblo se le quitaba la identidad equivalía a un genocidio nacional.
Hoy que en nuestro país abundan los problemas sociales, marcados de malas interrelaciones entre el estado y la realidad andina, amazónica y del altiplano, es cuando debe darse mayor atención a los aportes de Arguedas. Hombre tan simple que con sus cuentos, poesías y estudios científicos aplacó un poco la sed de cultura que nos hacía falta. Con gran asertividad rescató nuestra lengua, nuestra cultura, nuestro arte popular, nuestro folklore, y ello le sirvió para ser calumniado y muchas veces incomprendido a tal punto que fue despedido del Ministerio de Educación con el cliché de comunista.
Por todo lo que se escribe acerca de José María Arguedas, un peruano de trascendencia mundial, nuestro pueblo tiene que elevar la voz necesaria para que este año venidero se honre su memoria. La comunidad intelectual nacional y mundial ha hecho un llamado y no debe ser desoído. Pese a que el gobierno central haya negado dicho pedido, las regiones tenemos que hacer sentir nuestra protesta, declarando en cada una de nuestras jurisdicciones el Año del Centenario del Amauta José María Arguedas, así responderemos con decoro a un clamor de nuestros pueblos.
Tanto que se condena la intromisión extranjera, menos la norteamericana, debemos reconocer que las ideologías no tienen fronteras, pues el hermano país de Cuba ha determinado que la próxima edición del Premio Literario Casa de las Américas de Cuba estará dedicada al novelista peruano José María Arguedas, para lo cual esperan un total de 300 obras en su homenaje.